
La economía argentina alcanzó en abril un punto de inflexión estadística que representa un alivio para el programa económico del presidente Javier Milei. Por primera vez tras diez meses consecutivos de ascensos ininterrumpidos, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró una desaceleración, situándose en el 2,6% mensual. Este dato, aunque se produce en un contexto donde la microeconomía aún no logra despegar y el consumo sigue resentido por el impacto en el bolsillo de la gente, permite al Gobierno exhibir un resultado favorable que valida su hoja de ruta y alimenta expectativas positivas para los meses venideros.

El registro del INDEC estuvo en línea con lo que venían anticipando los principales analistas del mercado y las consultoras privadas. Según los datos oficiales, los precios al consumidor acumularon un alza del 12,3% en lo que va del año, mientras que la variación interanual se ubicó en el 32,4%. Esta "caricia" en materia social y económica llega tras un primer trimestre de alta volatilidad, confirmando que la tendencia alcista que se inició a mediados de 2025 comenzó a ceder bajo el rigor de la política fiscal y monetaria actual.
Al desglosar el informe técnico, se observa que la división con mayor incremento mensual en abril de 2026 fue Transporte, con un alza del 4,4%. En el extremo opuesto, el sector que menos presión ejerció sobre el índice general fue Recreación y cultura, que apenas registró una suba del 1%.

Desde una perspectiva geográfica, el Gran Buenos Aires (GBA) se posicionó como la región con la mayor suba mensual, alcanzando un 2,8%. Le siguieron en orden de impacto el Noreste con un 2,7% y la región de la Patagonia con un 2,6%.

Entre el optimismo macro y la realidad del bolsillo
Según el Informe de Política Monetaria (IPOM) del Banco Central, la autoridad monetaria “prevé una desaceleración de la inflación en abril y mayo por la reversión de los factores estacionales y los shocks transitorios que presionaron en marzo”, apoyándose en la “ausencia de presiones inflacionarias inerciales en los mercados de trabajo y cambiario” para anticipar una reducción sostenida en el corto plazo. Sin embargo, el mercado mantiene la cautela: aunque se celebra la tendencia a la baja, distintos economistas advierten que persisten “rezagos que dificultan esa baja” y condicionamientos externos que podrían ralentizar el camino hacia el objetivo de perforar el piso del 2% mensual.
Para el Banco Central, el salto inflacionario del primer trimestre, que acumuló un 9,4%, fue el resultado de “efectos transitorios” vinculados a cambios en los precios relativos y al impacto del petróleo internacional. El organismo subraya que la “disciplina en el manejo de la política fiscal y monetaria permite anticipar que el shock internacional no tendrá impactos persistentes”, descartando efectos de segunda ronda en la trayectoria de los precios. Bajo esta lógica, la entidad afirma que la “ausencia de inercia inflacionaria a nivel macroeconómico permite pensar que el impacto en el precio de la energía no se extenderá al resto de los mercados”.
Este optimismo oficial se respalda en la estabilidad de la inflación núcleo (o subyacente), que mide la evolución de precios excluyendo componentes volátiles. Tanto el Central como consultoras privadas coinciden en que este indicador “se mantuvo estable a lo largo del último año pese a la volatilidad del índice general”, lo que sugeriría una base sólida para la desinflación. De cara a los próximos meses, la autoridad monetaria espera que “bajaría en forma significativa la incidencia de los agrupados carnes y derivados y educación”, aunque reconoce que todavía “persistirían la incidencia directa de las naftas y la estacionalidad desfavorable de prendas de vestir”.
La inercia y los desafíos del mercado para perforar el 2%
A pesar del alivio que supone el dato de abril, el sector privado identifica obstáculos estructurales que impiden una caída más vertical. Analistas consultados en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyectan que la inflación se ubique en 2,6% mensual en abril y 2,3% en mayo, estimando que recién en agosto se situaría por debajo del 2%. Desde la calificadora Fitch Ratings señalan que “la inercia también está dificultando la fase final de la desinflación, como se observó en programas de estabilización económica en otros países”, y prevén que el índice regrese a niveles inferiores al 2% recién hacia finales de año.
El economista Jorge Vasconcelos destaca que el segmento de servicios, que sube a un ritmo del 3,3% desde septiembre, posee mecanismos indexatorios en ítems como “seguros, prepagas, colegios, internet y cable; que tienden a actualizar sus tarifas en función del recorrido de la inflación previa”. En sintonía, Javier Okseniuk advierte que “para que la inflación vuelva a ubicarse por debajo de 2%, habría que romper con los componentes inerciales que hoy implican un nivel en torno al 2,5% mensual”, sugiriendo que, aunque la conducta fiscal ayuda, la dinámica cambiaria sigue siendo un vínculo crítico que podría interrumpir el descenso.

Un punto de coincidencia entre el Gobierno y los privados es el riesgo que representa el escenario internacional. El Banco Central advierte que “el mayor riesgo sobre el IPC proviene de la incertidumbre global que puede traducirse en una mayor presión inflacionaria internacional, particularmente en el precio de los combustibles”. Esta preocupación se materializó recientemente con el aumento del 1% en las naftas informado por YPF para amortiguar los shocks externos.
Hacia el futuro, el desafío del próximo trimestre estará concentrado en los precios regulados, especialmente en “el valor de los combustibles una vez finalizado el congelamiento, así como en la evolución de las tarifas”. No obstante, si se mantienen las condiciones actuales de oferta monetaria congelada y normalización de la demanda de pesos, especialistas como Iván Cachanosky consideran que existen fundamentos para esperar que la inflación continúe su camino descendente, pudiendo cerrar el año 2026 “en torno al 26%, inferior al registro de 2025”.
A pesar de que el IPC de abril es interpretado por el oficialismo como un éxito en la batalla contra los precios, la realidad de los hogares tucumanos y del resto del país sigue marcada por la dificultad de afrontar los costos fijos en un entorno de salarios que buscan recuperar terreno. No obstante, la desaceleración del índice núcleo y la ausencia de presiones inerciales —como ha señalado el Banco Central— generan una base de optimismo para que la inflación continúe su camino descendente, buscando perforar nuevos pisos en el corto plazo.